En el Campo dei Gesuiti, casi frente a la triunfal fachada barroca de la iglesia, está su exacto contrario: un edificio medieval de simple estructura a dos aguas, que fue hospital de los Crociferi —los religiosos que desde el siglo XII daban cobijo y curas a quien partía para Tierra Santa— y luego hospicio para mujeres pobres, función que conserva aún hoy. Detrás de aquella fachada modesta se esconde una de las joyas más secretas de Venecia: un pequeño oratorio —la iglesia dell’Ospedaletto, la llamaban los venecianos— cuyas paredes y cuyo techo están revestidos enteramente por el ciclo pictórico de Jacopo Palma el Joven, pintado entre 1583 y 1592 por voluntad del dux Pasquale Cicogna: con dentro, retratadas del natural «que parecen vivas», las mujeres del hospicio y el procurador Luca Michiele en los papeles de José.