En el centro de Campo Santo Stefano hay un señor de mármol con barba larga, los brazos cruzados y un rollo en la mano. La dedicatoria del pedestal dice que es Nicolò Tommaseo, con una sola c. Pero pregunta a cualquiera cómo se llama el monumento y la respuesta será siempre la misma: el cagalibri. El motivo solo lo ves si le das la vuelta: en la parte trasera, bajo el borde del abrigo, sobresale una pila de libros esculpida en el mármol.