En el muro exterior del ábside de San Giacometto, asomado a la estrecha calle de la Naranzaria, hay dos inscripciones en latín que dialogan desde hace siglos: una encerrada en una cruz de mármol, la otra desplegada sobre una banda de piedra. La primera mira al alma: «Sit crux tua vera salus huic Christe loco», sea tu cruz, oh Cristo, la verdadera salvación de este lugar.