Donde Cannaregio acaba y comienza la laguna abierta, sobre la última fondamenta antes del agua, está un palacete de finales del siglo XVI que lleva un nombre imponente: Grimani. Nada que ver con el célebre palacio-museo de Santa Maria Formosa: esta era la casa de frontera de la familia, con el huerto detrás y la mirada a poniente sobre el agua.