Hasta los primeros años del siglo XIX, quien pasaba delante de esta iglesia podía estar en una barca. La fachada daba al rio di Castello, con el puente de San Domenico enfrente; solo después del soterramiento del rio la orilla se convirtió en la calle que hoy se llama Via Garibaldi. El reloj pintado se leía desde una barca o desde la fondamenta, no desde una acera.