El monumento a Garibaldi todos lo miran de frente. Pocos dan la vuelta al estanque para descubrir que, escondido en la parte trasera de la roca, hay un segundo personaje: un joven garibaldino de bronce, con el fusil al hombro, de guardia a espaldas del general. Los venecianos le dieron un nombre —Bepi Zolli— y una de las leyendas más bellas de la ciudad.