Durante siglos, quien llegaba a Venecia desde el mar entraba en la ciudad pasando por aquí: las dos columnas de la Piazzetta eran la puerta monumental de la Serenísima, el paso entre el poder del Palacio Ducal y la ciencia de la Librería. Son dos fustes monolíticos de granito —rojo egipcio el uno, gris de la Tróade el otro—, botín casi con seguridad de Constantinopla, llegado a la laguna tras la Cuarta Cruzada.