Al comienzo de la Strada Nova, en uno de los campi —así se llaman las plazas en Venecia— más vitales y concurridos de la ciudad, se levanta una iglesia de las más antiguas. Cuenta la leyenda que la erigió san Magno, obispo de Oderzo, a quien en éxtasis se le aparecieron los doce apóstoles ordenándole construirla donde encontrara doce grullas: y aquí las grullas estaban, porque este era uno de los primeros retazos habitados de las islas de Rialto.