En el extremo oriental de Venecia, en la isla que lleva su nombre, se alza la iglesia de Sant’Elena, junto a la laguna y al Parco della Rimembranza, donde aún sobrevive parte del antiguo prado. Se fundó en la segunda mitad del siglo XII como hospicio para los peregrinos que iban a Tierra Santa, cuando la isla era un rincón solitario separado de la ciudad.