Escondida en el silencio de las calles del norte de Cannaregio, esta antigua iglesia cuenta casi mil años de historia veneciana. La empezaron los Frailes del Saco, penitentes pobres vestidos con tela basta, pero la orden fue disuelta en 1274 antes de que pudieran terminarla. En 1288, el mercader veneciano Giovanni Bianco compró el edificio y al año siguiente se lo donó a Bortolotta Giustinian, hija de Nicolò, monje de San Nicolò del Lido.