A dos minutos de la Plaza de San Marcos, detrás del Cavalletto, esta placita ha tenido tres nombres en ocho siglos: Rusolo — una deformación de Orseolo, por el hospicio que fundó el dux Pietro Orseolo I y que se trasladó aquí a finales del siglo XVI para dejar sitio a las Procuratie Nuove —; después, San Gallo, por la pequeña iglesia que quedó como único vestigio de la institución; y, por último, Canova, porque el escultor murió aquí en 1822, en una casa que ya no existe.