El despertador colgado en el muro de la casa de la Calle della Toletta, dentro de su urna de plexiglás Foto: Foto dell'autore
A finales del siglo XIX el médico Angelo Minich dejó al Ayuntamiento 30.000 liras para que instalara relojes eléctricos para los ciudadanos. Los relojes aparecieron en las esquinas de las calles, en los muros de las iglesias, en todos los sestieri (los barrios).