En la Salizzada Carminati (las salizzade fueron las primeras calles empedradas de Venecia), a dos pasos del campo —la plaza— de San Stae, este palacio pospalladiano de comienzos del siglo XVII fue la casa de los Carminati, ricos mercaderes bergamascos que en 1687 se compraron la admisión al patriciado veneciano —la parábola clásica de la fortuna de los comercios convertida en escudo, ese que dos ángeles sostienen todavía en la luneta sobre el portal.