En el extremo de la fondamenta de Cannaregio, frente a San Giobbe, la iglesia de Santa Maria delle Penitenti se ha quedado como era cuando se acabó el dinero: desnuda, elegante de todos modos, obra de Giorgio Massari. Detrás se abre el Pio Loco delle Penitenti, dedicado al Patrocinio de la Virgen: el instituto que acogía a las «mujeres descarriadas» que pedían otra vida.