A pocos pasos del bullicio de Rialto, en la pequeña plaza del mismo nombre, la iglesia de San Silvestro se presenta como una tranquila parroquia neoclásica. Basta mirarla desde fuera para descubrir una orientación poco habitual: la fachada que hoy da al rio terà (canal cegado, hoy calle) fue en otro tiempo el ábside, mientras que la entrada principal se abría al Gran Canal.