Sobre la tranquila Fondamenta degli Ognissanti, en el extremo occidental de Dorsoduro, se levanta una iglesia nacida de un milagro: aquí se refugiaron en el siglo XV las monjas cistercienses huidas de la insalubre Torcello, y aquí, en 1504, una imagen de la Virgen resplandeció de luz celeste atrayendo a la ciudad entera —y las limosnas para construir la iglesia actual, consagrada en 1586.