Escondida en el corazón de los Biri, entre San Canciano y las Fondamente Nove, esta calle debe el nombre a una industria sucia y preciosa: una fábrica de negro de humo, el polvo negro y graso que se recogía quemando sustancias ricas en carbono. Servía para los barnices, para la goma y, sobre todo, para la tinta de imprenta — el negro con el que Venecia imprimía los libros de media Europa.