La calle parece tranquila, pero la pared de la iglesia confiesa: aquí debajo corría un canal. En la base del costado que mira al Rio Terà dei Gesuati, hacia las Zattere, se abre una gran boca de arco en piedra, tapiada y tragada a medias por el empedrado. No es una puerta: es la boca del volto, la bóveda bajo la cual el rio de los Gesuati pasaba dentro de la iglesia.