Para llegar, atraviesas calles que no anuncian nada: Calle della Stua, la corte, el sotoportego del Remer. Luego, al dar el último paso bajo la bóveda, se abre de golpe el Gran Canal. Pocos campielli de Venecia ofrecen lo que este: se asoman al canal sin una orilla que haga de borde y bajan hasta el agua por un pontón bajo de piedra, con dos escalones sobre la corriente.