Sobre el muro de la casa, en alto entre dos ventanas, cuatro figuras coronadas están en fila dentro de una lápida de piedra de Istria, y debajo una inscripción lo dice todo: «1652, scola di tagiapiera» —escuela de los talladores de piedra—. Es la enseña de una de las corporaciones más antiguas de Venecia, la cofradía de los canteros: los que escuadraban la piedra de Istria con la que la ciudad se vistió de palacios, iglesias y brocales de pozo.