A dos canales de San Marcos, sobre el rio de San Provolo (canal veneciano) —que los venecianos llaman rio de l’Osmarin—, este puentecillo de piedra y ladrillos es una de las paradas obligadas de las góndolas: desde su lomo se abre una de las más bellas viviendas tardogóticas de la ciudad, Palazzo Priuli, con la bífora de esquina que parece desafiar la estática.