La Salizzada di Santa Giustina (una de las primeras calles empedradas) es uno de los rincones urbanos más auténticos de Castello: sobrias residencias patricias, altos muros de conventos y, en la esquina sobre el rio (canal veneciano) di San Francesco, la estatua de mármol de la Virgen con el Niño atribuida a Giuseppe Torretto.