El Palazzo Barbarigo es el palacio que, desde el vaporetto (autobús acuático) en el Gran Canal, nunca pasa desapercibido: su fachada es un manto centelleante de mosaicos vítreos que captura el sol y lo devuelve al agua. Bajo aquel traje del siglo XIX hay un palacio del XVI en la esquina con el Campo San Vio (plaza), a dos pasos del puente de la Academia y del Palazzo Venier dei Leoni.