Junto al Puente de Rialto, sobre el Gran Canal, la maciza mole del Fontego dei Tedeschi custodia ocho siglos de comercio: aquí, desde el siglo XIII, los mercaderes germánicos —que traían metales, plata y paños y volvían cargados de especias y mercancías de Oriente— tenían almacenes, alojamientos e incluso una capilla bajo la vigilancia de la Serenísima.