En lo alto del gran campo (plaza) arbolado de Santo Stefano se levanta una de las tres iglesias conventuales de Venecia, junto a los Frari y los Santi Giovanni e Paolo: la fundaron los ermitaños de San Agustín, que en 1274 vendieron su primer convento de Sant’Anna a Castello a las benedictinas y compraron casas aquí, en el centro de la ciudad —la primera piedra fue bendecida el 7 de junio de 1294 por el obispo de Castello Querini—, la reedificaron en el siglo XIV y en el XV la revistieron del gótico flamígero que aún hoy le da el rostro, incluido el campanario visiblemente inclinado.