Quien llega a Campo Santa Maria del Giglio mira enseguida la fachada descarada de la iglesia de los Barbaro, y casi nadie se fija en la extraña casucha baja y aislada que está en medio del campo, hoy una tienda. No es una construcción cualquiera: es el muñón del viejo campanario de la parroquia, la torre de ladrillo que durante siglos se alzó aquí, separada de la iglesia. Era un campanario famoso por un defecto: se inclinaba.