En medio de Campo Santa Margherita, entre los puestos del mercado y las mesitas de los bares, hay un edificio que parece plantado ahí por casualidad: pequeño, aislado por todos los lados, con las ventanas de arco y un relieve empotrado en la fachada: la Madonna della Misericordia que abre el manto, con el Niño en una mandorla sobre el pecho.