La calle es estrecha, entre dos muros altos. Luego, al fondo, la puerta: un arco gótico pintado de un azul que el tiempo ha desconchado y desvaído, con una ventana que repite su forma justo encima. Los mapas en línea la marcan como atracción, y sin embargo no tiene ninguna placa ni ningún monumento: se hizo famosa sola, por casualidad.