No es una obra de arte: es un grafito, inciso a fondo en la piedra de Istria. Una rata de todo respeto, la cola larga y curvada, y encima de ella una fecha en cifras romanas, 1644 según quien la ha leído de cerca (hay también quien lee 1643: la columna ha sido encalada y la última cifra se descifra con fatiga). Alguien, hace casi cuatro siglos, vio una pantegana tan memorable que la fijó en el muro para siempre.