Una entrada oscura y estrecha, y luego la sorpresa: uno de los patios medievales mejor conservados de Venecia, a dos pasos de la multitud de Rialto y sin embargo silencioso como un claustro. Corte Morosina toma el nombre del palacio de los Morosini que se asoma a ella, y sobre su portal cuspideado —escudo, celada de caballero y dos pavos reales que beben de una copa— ha crecido una leyenda de templarios y traiciones.