En medio de los escaparates de la Strada Nova nadie mira hacia arriba sobre la tienda de detergentes. Te haría bien hacerlo: en el dintel de piedra que domina la entrada está grabada una inscripción en grandes letras, todas rizos y volutas de comienzos del siglo XX: CINEMA TEATRO PROGRESSO. Es lo único que queda de una sala de cine que aquí funcionó durante más de sesenta años.